
Nunca había dormido tan poco, de hecho ni siquiera estoy seguro de haber dormido. Falta mucho para que salga el sol, y estoy impaciente. Me baño, me pongo los jeans que tanto me gustan, mi saco nuevo, me tengo que ver muy bien para ti.
Conduzco hacia tu casa, los nervios me comen, el trayecto es corto a estas horas de la madrugada. Creo que llegue temprano, esperare unos minutos. Ufff, ¿que pasa? ¿un gato? Si, es un gato blanco sobre mi parabrisas, ¿de donde saldría?, ¡Que extraño! Camina por el cofre, se acerca al vidrio, me observa, ¿un augurio? espero que uno bueno.
Tu papá sale de la casa, ¿tan temprano? Creo que me puso mas nervioso si eso se puede, me dice que ya casi estas lista y se va. Te envió un mensaje; ya estoy aquí.
Odias madrugar, pero aun así te ves preciosa cuando acabas de despertar, no puedo esperar a verte abrir los ojos todos los días. Tu blusa nueva con el estampado de plumas, unas mallas, unas botas, tu abrigo.
¡ Súbete al coche! Tápate los ojos con mi bufanda roja, no desesperes y no hagas preguntas. El camino sigue despejado, llegamos al aeropuerto muy rápido, aun así como de costumbro me estreso un poco por llegar a tiempo, me estaciono, te descubro los ojos. ¿Sabes donde estas? es lo que te pregunto, te cuesta unos momentos ubicarte, me dices que estoy loquito, pero de ese modo dulce que guardas escondido.
¿A donde vamos? me dices, ¿No lo imaginas? te contesto. Ya ahora te imaginas, vamos a Ciudad de México. ¿Recuerdas como antes no entendía tu fascinación por la ciudad? Sabes que ahora también comparto tu gusto por ella, y que mejor lugar para vivir este día; dos años juntos y una sorpresa en la locación perfecta para hoy.
Nos dirigimos al mostrador de Aeromexico, asientos juntos. El viaje es tranquilo, adormilados por la corta noche que tuvimos, llegamos a la terminal 2 y tengo el itinerario listo. Volamos sin equipaje, así que la salida es rápida, solo cargamos con el equipaje de mano, tu bolsa, mi mochila, y lo que parece ser un regalo que aun no puedo ver.
Ahora al mostrador para contratar un taxi, un "Yellow Cab", vamos a La Condesa. Estuve buscando un buen lugar, no tengo muchos conocidos en el DF, después de buscar encontré buenas referencias de "El pendulo" un cafe-librería. El lugar luce bien, un montón de libros apilados y mesas, vamos al segundo piso, nos sentamos en unos sillones junto a la videoteca, cine de todos lados, japones, francés, mexicano. El ambiente es acogedor, los lugares confortables, la luz de la mañana entra por las ventanas, y sigues luciendo preciosa.
Te decides por unos huevos "Saramago" (¡Que coincidencia!) yo por una tabla con múltiples fritangas, desayunamos sin prisa, disfrutando los olores, los sabores, el pan dulce, las cuerdas que de repente empezamos a escuchar. Es un momento perfecto, donde nada hace falta...
